La hipocresía de la IA: piden frenar el desarrollo por seguridad, pero solo cuando China empieza a ganar en precio.

By WSN In Informacion-VoIP, Tecnología

07

Ago
2026

Más de 1.100 empleados de OpenAI, Anthropic, Google DeepMind y Meta firmaron el pasado 28 de julio de 2026 una carta abierta titulada "Pacing the Frontier" (ritmo en la frontera), en la que piden al gobierno de Estados Unidos que apoye un esfuerzo internacional para poder ralentizar de forma deliberada el desarrollo de la investigación de IA automatizada, es decir, la capacidad de los propios sistemas de inteligencia artificial para mejorar a otros sistemas con una intervención humana mínima. La cifra de firmantes ha seguido creciendo tras la publicación, con recuentos que oscilan entre 1.134 y 1.350 según el medio y la fecha de consulta.

El gesto llama la atención por quién firma: no son críticos externos, sino perfiles internos de máximo nivel, como Dario Amodei, consejero delegado de Anthropic, Jared Kaplan, cofundador y director científico de la misma empresa, o Jakub Pachocki, director científico de OpenAI. En cuestión de horas, OpenAI y Anthropic respaldaron el texto como organizaciones, un gesto inusual entre compañías que compiten en prácticamente todos los frentes del mercado.

Un frenazo que llega justo cuando China aprieta en precio

La carta pide, literalmente, que existan mecanismos técnicos y de gobernanza para poder frenar el desarrollo si este llega a superar la capacidad humana de supervisarlo. Es un mensaje razonable sobre el papel. Pero conviene mirar el calendario: la petición llega en el mismo momento en que el mercado de modelos de IA está virando hacia China, y no por una cuestión de rendimiento, sino de precio.

El dato: a mediados de julio de 2026, 6 de los 10 modelos mejor clasificados en tablas de rendimiento independientes procedían de compañías chinas (DeepSeek, Moonshot, Z.ai, Tencent, Xiaomi y MiniMax).

Según datos de la plataforma OpenRouter, los modelos abiertos chinos pueden llegar a ser entre un 60% y un 90% más baratos que sus equivalentes estadounidenses, lo que ha empujado a empresas como DoorDash o Airbnb a derivar parte de su carga de trabajo hacia proveedores chinos. Este abaratamiento ha reactivado la disputa sobre la destilación de modelos, la técnica que consiste en usar las respuestas de un sistema de IA potente para entrenar uno más pequeño y barato capaz de replicar parte de sus capacidades.

La acusación: Washington acusa a la firma china Moonshot de destilar de forma encubierta un modelo de Anthropic para construir su sistema Kimi K3. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, ha amenazado con sanciones por lo que la administración llama "ataques de destilación".

La contradicción de fondo

Aquí está el punto que cuesta pasar por alto: las mismas compañías que ahora reclaman protección frente a la "apropiación" de sus modelos entrenaron sus propios sistemas absorbiendo enormes volúmenes de contenido público (textos, imágenes, código) sin pedir permiso a quienes lo crearon, un asunto que sigue en disputa legal en varios países. El propio consejero delegado de Microsoft, Satya Nadella, lo ha señalado públicamente: el argumento de la propiedad intelectual solo parece importar cuando es la industria de la IA la que puede perder dinero.

Para sobrevivir, debemos coordinarnos para frenar la carrera.

Leo Gao, Member of Technical Staff, OpenAI

La retórica de fondo tampoco es nueva. El "otro" que amenaza (China espiando, usando IA en el ejército o la policía) rara vez se contrasta con las mismas prácticas que ya ocurren dentro de Estados Unidos, desde la recopilación masiva de datos hasta el uso militar y policial de sistemas de IA propios. Apelar a la amenaza exterior es, históricamente, una forma eficaz de justificar seguir acelerando sin ceder terreno, aunque el propio discurso de la carta "Pacing the Frontier" pida frenar por motivos de seguridad.

Favicon TechRadar
Fuente: TechRadar Pro